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Comentario
Los dos célebres estudiosos que se especializaban en las ruinas romanas estaban
sentados a solas en la confortable habitación de Kennedy, cuyas ventanas daban al
Corso. La noche era fría, y ambos habían acercado sus sillones a la imperfecta
estufa italiana que creaba a su alrededor una zona más bien de ahogo, que de
tibieza. Del lado de fuera, bajo las brillantes estrellas de un cielo invernal, se
extendía la Roma moderna, con su larga doble hilera de focos eléctricos, los cafés
brillantemente iluminados, los coches que pasaban veloces y una apretada
muchedumbre desfilando por las aceras. Pero dentro, en el interior de aquella
habitación suntuosa del rico y joven arqueólogo inglés, no se veía otra cosa que la
Roma antigua. Frisos rajados y gastados por el tiempo colgaban de las paredes, y
desde los ángulos asomaban los antiguos bustos grises de senadores y guerreros
con sus cabezas de luchadores y sus rostros duros y crueles. En la mesa central,
entre un revoltijo de inscripciones, fragmentos y adornos, se alzaba la célebre
maqueta en que Kennedy había reconstruido las Termas de Caracalla, obra que
tanto interés y admiración despertó al ser expuesta en Berlín. Del techo colgaban
ánforas y por la lujosa alfombra turca había desparramadas las más diversas
rarezas. Y ni una sola de todas esas cosas carecía de la mayor inatacable
autenticidad, aparte de su insuperable singularidad y valor; porque Kennedy, a
pesar de que tenía poco más de treinta años, gozaba de celebridad europea en esta
rama especial de investigaciones, sin contar con que disponía de esa abundancia de
fondos que en ocasiones resulta un obstáculo fatal para las energías del estudioso,
o que, cuando su inteligencia sigue con absoluta fidelidad el propósito que la guía,
le proporciona ventajas enormes en la carrera hacia la fama. El capricho y el placer
habían apartado frecuentemente a Kennedy de sus estudios; pero su inteligencia
era agresiva y capaz de esfuerzos largos y concentrados, que terminaban en vivas
reacciones de laxitud sensual.
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| Autor : Conan Doyle Arthur |
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