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Comentario
Aquella sensación de oscura inquietud era demasiado familiar para
asombrar a Harvey Dall. Durante las últimas visitas que realizara a la ciudad
la había experimentado constantemente; empero esta vez era distinto.
Ahora todo estaba preparado y pronto su oculto destino. Tal vez por esto la
inquietud era mayor, más profunda.
Echándose el ala del sombrero sobre sus ojos grises y penetrantes, Dall
se apoyó contra el mostrador de roble para tratar de disimular su metro
ochenta y ocho de estatura. Sus sentidos alerta le señalaban la necesidad de
alejarse del brillante letrero de neón donde se leía "Estacionamiento" en
letras demasiado claras y llamativas. Una impaciencia cada vez mayor
aumentaba su intranquilidad.
Su vigilante mirada trató de analizar el incansable río humano que
llenaba constantemente la sala de espera del aeródromo municipal. Un
calidoscopio de rostros y formas que se agitaban sobre los cambiantes
colores del fondo... las voces de millares de personas hablando en alta voz
simultáneamente, en confusa algarabía... y cada cierto número de minutos,
los altoparlantes anunciando los distintos vuelos de las empresas
comerciales, sus llegadas y partidas.
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