 |
|
Comentario
Ni siquiera era necesario vigilar las pantallas radar. Hacía meses que se había
conectado a todas ellas los precisos e infalibles lectores electrónicos.
Y detrás de ellos
en el sótano 16 de aquel mundo subterráneo que formaba el "D. I.
C." (Centro Detección e Interceptación),
el colosal ordenador capaz, por sí solo, de
provocar la reacción de defensa y desencadenar, al mismo tiempo, el poderoso
mecanismo de las represalias.
Harold Lemon se desperezó glotonamente, cerrando los ojos y dejando de leer,
durante un instantes, la novela policíaca que tenía en manos.
Se incorporó un poco, dejando el libro sobre mesita vecina; luego extrajo un
cigarrillo del paquete, haciendo un gesto hacia su derecha.
-¿Un pitillo, Peter?
- Cumming denegó con la cabeza, pero ni siquiera levantó la mirada del crucigrama
que estaba intentando resolver.
Oyó, sin prestar la menor atención, el chasquido del encendedor de su compañero
y, como si supiera que tal cosa iba a ocurrir, dilató las ventanas de la nariz para
recibir, instantes después, un poco del dulzón humo que se escapaba del cigarrillo
de Harold.
- Lemon..
| |