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Comentario
Quien haya tenido ocasion de leer regularmente nuestros artículos y especialmente los
publicados en diversas ocasiones en
Vita Nuova
, conoce ya el punto de partida que será
el hilo conductor de las presentes notas: nos referiremos a la idea de una oposición
fundamental entre dos actitudes distintas del espiritu en las que es preciso ver el origen
de dos tradiciones bien diferenciadas, tanto sobre el plano histórico como
suprahistórico.
La primera, es la actitud guerrera y real, la segunda, la actitud religiosa y sacerdotal.
Una constituye el polo viril, la otra, el polo femenino del espíritu. Una tiene como
símbolo el Sol, el "triunfo", corresponde al ideal de una espiritualidad cuyas consignas
son la victoria, la fuerza, el poder ordenador y que afecta a todas las actividades y todos
los individuos en el seno de un organismo simultáneamente temporal y supratemporal
(el ideal sagrado de
Imperium
), afirmando la preeminencia de todo lo que es diferencia
y jerarquía. La otra actitud tiene por símbolo a la Luna, es como ella, recibe de otro la
luz y la autoridad, se remite a otro y vehiculiza un dualismo reductor, una
incompatibilidad entre el espíritu y la potencia, pero también una desconfianza y un
desprecio por toda forma de afirmación superior y viril de la personalidad: lo que la
caracteriza es el
pathos
de la igualdad, del "temor de Dios", del "pecado" y de la
"redención"
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