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Comentario
Cuando queremos formarnos una idea de la causación de un estado patológico
como la histeria, emprendemos primero una investigación anamnésica, preguntando al
enfermo a sus familiares a qué influencias patógenas atribuyen la emergencia de los
síntomas neuróticos. Lo que así averiguamos surge, naturalmente, falseado por todos
aquellos factores que suelen encubrir a un enfermo el conocimiento de su estado, o sea,
por su falta de comprensión científica de las influencias etiológicas, por falsa conclusión
de post hoc ergo propter hoc, y por el displacer de recordar determinados traumas y
sucesos sexuales o de comunicarlos. Observamos, por tanto, en esta investigación
anamnésica la conducta de no aceptar las opiniones del enfermo sin antes someterlas a un
penetrante examen crítico, no consintiendo que los pacientes desvíen nuestra opinión
científica sobre la etiología de la neurosis. Reconocemos, desde luego, la verdad de ciertos
datos que retornan constantemente en las manifestaciones de los enfermos, tales como el
de que su estado histérico es una prolongada consecuencia de una emoción pretérita; pero,
por otro lado, hemos introducido en la etiología de la histeria un factor que el enfermo no
menciona nunca y sólo a disgusto acepta: la disposición hereditaria. La escuela de
Charcot, tan influyente en estas cuestiones, ve en la herencia la única causa verdadera de
la histeria, y considera como meras causas ocasionales o «agentes provocadores» todos los
demás factores dañosos, de tan diversa naturaleza e intensidad
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