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Comentario
Qué embriagador y espléndido es un día de verano en Ucrania!...
¡Qué languidez y qué bochorno el de sus horas cuando el mediodía
fulge entre el silencio y el sopor, y el azul e inconmensurable
océano, inclinado sobre la tierra como un dosel voluptuoso, parece
dormir sumergido en ensueños mientras ciñe y estrecha a la
hermosa con inmaterial abrazo! No hay una nube en el cielo, ni una
voz en el campo. Todo parece estar muerto. Solo allá, en lo alto, en
la inmensidad celeste, tiembla una alondra, cuyo canto argentino
vuela por los peldaños del aire hasta la tierra amante, y resuena en
la estepa el grito de una gaviota o el estridente reclamo de una
codorniz. Indolentes y distraídos, como paseantes sin rumbo,
álzanse los robles rozando las nubes, y el golpe cegador de los
rayos solares prende pintorescos manojos de hojas, proyectando
sobre algunas de ellas, a las que un fuerte viento salpica de oro una
sombra oscura como la noche. Las esmeraldas, topacios y ágatas
de los insectos del éter se derraman sobre los huertos multicolores
que los girasoles Circundan majestuosos. Los grises haces de heno
y las doradas gavillas de trigo formadas en la estepa, vagan
errantes por su inmensidad. Las amplias ramas de los cerezos, de
los manzanos, de los ciruelos y de los perales, se vencen bajo el
peso del fruto. Fluye el río, límpido espejo del cielo, en su verde y
altivo marco... ¡Cuán pleno de sensualidad y de dulce dicha está el
verano en Ucrania ! ...
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