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Comentario
Ese verano tuvo sus ventajas y sus desventajas. En la casa que habíamos alquilado papá
podía hacer asado con más frecuencia, pero cenábamos afuera menos seguido, y en ese
pueblo casi no había donde cenar afuera. No había juegos electrónicos, ni alquiler de
bicicletas, ni tantas heladerías, ni chicas regalando muestras de crema o bronceador,
pero todo era más barato y más tranquilo, y mamá decía que papá necesitaba descansar
en serio y no podíamos gastar mucho.
La playa era un desierto inmenso. No te pisaban ni te tiraban arena ni te clavaban la
sombrilla al lado, y se podía jugar a la pelota, aunque casi siempre había que jugar solo.
A papá y mamá no les gustaba ir a la playa todos los días, pero en ese lugar me dejaban
ir solo y yo podía explorar a mis anchas, con el bolso a cuestas, lo poco que había para
explorar.
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