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Comentario
La Horda que vigila el portal secreto de cada tumba,
y medra con lo que se forma en los moradores de ésta...
Abdul Alhazred, Necronomicon.
De no haberme empujado las circunstancias, jamás habría visitado Temphill.
Pero andaba mal de dinero y, al recordar que un amigo mío que vivía allí
me había ofrecido trabajo como secretario suyo, empecé a desear que dicho
puesto siguiera vacante. Desde luego, no me parecía fácil que mi amigo
hubiera encontrado un secretario permanente o, cuando menos, duradero.
Temphill es un pueblo de muy mala fama y a poca gente le agradaría vivir
en él.
Alentado por esta esperanza, un día metí en un baúl mis pocos bártulos,
los cargué en un cochecito deportivo que me había prestado un buen amigo
mío que ahora andaba de viaje, y salí muy temprano de Londres, antes de
que empezara el ruidoso tráfico de la ciudad. Y así abandoné el edificio
carcelario y el siniestro callejón trasero donde había estado hospedado.
Mi amigo -que se llamaba Albert Young- me había contado muchas cosas de
Temphill y de las costumbres de sus habitantes. Era un pueblo muy antiguo
y en plena decadencia, situado en la región de Cotswold. El llevaba allí
varios meses. Había ido para documentarse sobre ciertas creencias y
supersticiones que perduraban en la localidad. Con el material que
obtuviese pensaba redactar un capítulo entero del libro sobre brujería que
tenía entre manos. Como no soy supersticioso, me chocó que gentes
aparentemente normales procurasen evitar Temphill siempre que podían; no
porque fuese mal lugar -según Young-, sino más bien por un temor nacido de
los extraños rumores que corrían por esa región.
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