Comentario
Mientras se continúe dando a la palabra «neurastenia» todos los significados en los
que Beard hubo de emplearla, será difícil decir nada generalmente válido sobre la
enfermedad a la que califica. A mi juicio, ha de ser muy ventajoso para la Neuropatología
intentar separar de la neurastenia propiamente dicha todas aquellas perturbaciones
neuróticas, cuyos síntomas se hallan más firmemente enlazados entre sí que con los
síntomas neurasténicos típico que por otra parte en su etiología y en su mecanismo
difieren esencialmente de la neurosis neurasténica típica.
Esta labor clasificadora nos proporcionará pronto una imagen relativamente
uniforme de la neurastenia, y habrá de permitirnos distinguir de la neurastenia auténtica,
con mayor precisión que hasta ahora, diversas pseudoneurastenias, tales como el cuadro
clínico de la neurosis refleja nasal, orgánicamente provocada; las perturbaciones nerviosas
de las caquexias y de la arteriosclerosis y de los estadios iniciales de la parálisis progresiva
y de algunas psicosis. Además, se hará posible separar -siguiendo la propuesta de
Moebius- algunos estados nerviosos de los degenerados hereditarios, y se encontrarán
razones para adscribir más bien a la melancolía algunas neurosis de naturaleza
intermitente o periódica, a las que hoy se da el nombre de neurastenia. Pero el paso
decisivo consiste en separar de la neurastenia cierto complejo de síntomas que a
continuación describiremos y que llena muy cumplidamente las condiciones antes
detalladas. Los síntomas de este complejo se muestran clínicamente mucho más próximos
unos a otros que a los neurasténicos (esto es, aparecen con frecuencia juntos, y se
representan unos a otros en el curso de la enfermedad), y tanto la etiología como el
mecanismo de la neurosis a la que corresponden son fundamentalmente distintos de los
propios de la neurastenia auténtica, tal y como ésta queda después de efectuar la iniciada
separación
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