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Comentario
- ¿Cerveza, mister Raymer? - preguntó Nick el Griego. Bill Raymer, marginista del
Courier-Times, colocó un pie sobre la barra de metal.
- Sí, Nick. ¿Cómo van las cosas? ¿Ha llegado ya Halloran?
- Aún no, mister Raymer. - Nick sacó de un golpe la espuma y despidió la cerveza a lo
largo del mostrador.
- ¡Maldita sea! Esperaba no coincidir hoy con él.
A nadie le gustaba Halloran, editor nocturno y erudito general. El concepto que tenía
de una broma era conseguir que alguien se partiera una pierna. Como aquella vez en que
envió a un novato, al que estaba probando para un trabajo de reportero, a que obtuviese la
historia de Louis Goroni, el rey de los gansters. Creía que Goroni le daría el susto de su
vida al muchachuelo y que lo enviaría con viento fresco y una patada en la espalda. Que
es lo que realmente ocurrió, exceptuando que lo envió desde la ventana de un segundo
piso a pasar tres meses en el hospital. Además no consiguió el reportaje. Halloran estuvo
riéndose durante toda una semana.
Raymer era el único cliente en el bar. Johnny Gin dormía en una esquina y Metaxa, el
gato, estaba examinando la madriguera de un ratón con el cuidado que ello se merecía.
Nick se sirvió él mismo una caña de cerveza y se la echó al coleto.
- ¿Muchas noticias importantes esta noche, mister Raymer?
- Esta es la noche más muerta desde hace años. Espero que estalle de pronto una gran
noticia, o de lo contrario vamos a tener un periódico muy tristón.
Nick los miró con aire pensativo
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