Comentario
Cuando los nómadas llegaron a El Lola lo hicieron sin sus canciones y la cuestión de
robar la caja dorada se planteó en toda su magnitud. Por una parte, muchos de ellos
habían buscado la caja dorada, que (como los etíopes saben) es un receptáculo de
poemas de fabuloso valor; y su funesto destino es todavía plática usual en Arabia. Por
otra parte, era triste sentarse de noche alrededor del fuego de campamento sin nuevas
canciones.
Fue la tribu de Hetch la que discutió estas cuestiones un atardecer en los llanos bajo la
cumbre de Mluna. Su tierra natal había sido la vía a través del mundo de inmemoriales
nómadas; y a los más viejos de ellos les inquietaba que no hubiera nuevas canciones.
Mientras tanto, insensible a las inquietudes humanas y, hasta ahora, a la noche que
estaba ocultando los llanos, la cumbre de Mluna, en calma al resplandor del
crepúsculo, miraba hacia la Tierra Incierta. Y fue en el llano que hay en la ladera
conocida de Mluna donde, en el preciso momento en que la estrella vespertina
aparecía como un ratón y las llamas del fuego de campamento elevaban sus aislados
penachos humeantes desanimadas por alguna canción, los nómadas planearon
precipitadamente aquel imprudente proyecto que el mundo conoció como La Búsqueda
De La Caja Dorada.
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