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Comentario
Esta historia se cuenta en los balcones de Belgrave Square y entre las torres de Pont
Street; los hombres la cantan al anochecer en Brompton Road.
Poco antes de su decimoctavo cumpleaños, la señorita Cubbidge, que vivía en el
número 12A de Prince of Wales' Square, pensó que antes de que otro año pasara de
largo ella perdería de vista aquel deforme rectángulo que por tanto tiempo había sido
su casa. Y si además le hubieran dicho que en ese mismo año se habría desvanecido
de su memoria cualquier vestigio de aquella supuesta plaza y del día en que su padre
fue elegido por abrumadora mayoría para tomar parte en la dirección de los destinos
del imperio, simplemente habría dicho con esa voz afectada que tenía: "¡Sí, ya!".
La prensa diaria no dijo nada al respecto, la política del partido de su padre no lo había
previsto, no apareció ni por asomo en las conversaciones de las reuniones vespertinas
a las que acudía la señorita Cubbidge: nada hubo que le avisara de que un repugnante
dragón de escamas doradas, que agitaba al andar, surgiría limpiamente de la flor y
nata del romance y atravesaría Hammersmith de noche (por lo que sabemos), y
vendría a Ardle Mansions, para luego torcer a la izquierda, lo que le conduciría por
supuesto a la casa del padre de la señorita Cubbidge
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