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Comentario
De acuerdo con el título se debería exponer a continuación un
fragmento doctrinario de la filosofía de Kant. Con ello nos informa-
ríamos sobre una filosofía del pasado. Esto puede tener Su utilidad,
aunque por cierto, sólo si aun se mantiene despierto el sentido de la
tradición.
Y esto es justamente lo que ya apenas ocurre, al menos cuando se
trata de la tradición de lo que nos concierne a los hombres desde siem-
pre y en todas partes, aunque propiamente no le prestemos atención.
Lo nombramos con la palabra “ser”. Este nombre nombra aquello
que mentamos cuando decimos “es”, y “ha sido”, y “está por llegar”.
Todo lo que nos alcanza y lo que nosotros alcanzamos, atraviesa por
ese “es”, expreso o tácito. Nunca y de ningún modo podemos escapar
al hecho de que ocurra así. El “es” sigue siendo conocido, para noso-
tros, en todas sus transformaciones patentes y ocultas. Y sin embargo,
en cuanto suena a nuestros oídos esta palabra “ser”, aseguramos que
nada se puede representar bajo ella, que nada se puede pensar con ella.
Presumiblemente, esta precipitada afirmación es exacta; justifica
la irritación ante los discursos- por no decir ante las habladurías- sobre
el “ser”, y tanto es así, que se hace burla del “ser”. Sin reflexionar
sobre el ser, sin meditar sobre un camino hacia él, se pretende ser la
instancia que decide si la palabra “ser” dice algo o no. A casi nadie
choca el hecho de que la irreflexión se eleve así como principio (
Prin-
zip
)
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