Comentario
Estos son los hechos fundamentales que conoció el sargento de policía Tom Bristol cuando le ordenaron
que abriera la puerta y entrara. Se decía, es cierto, que los cerrajeros de Centre Street podían abrir todo lo
que estuviera cerrado, y esa reputación no era inmerecida. Pero aquella puerta era una excepción. En
consecuencia, Bristol fue a abrir la puerta con dos hombres uniformados, palancas de hierro, y todas las
otras herramientas que pudiesen ser necesarias. Pero antes estudió un resumen de los hechos.
Se había comprobado que las tres tiendas habían abierto sus puertas el mismo día y a la misma hora; y
que los tres locales habían sido alquilados el mismo día y que las escrituras habían sido firmadas a la misma
hora. La tienda de Tokio se encontraba en la mejor parte de La Ginza. El local había estado ocupado por
una excelente joyería y relojería, quizá la segunda o tercera entre las mejores de todo el Japón; los joyeros
habían rescindido la escritura de dominio, negándose dar a la prensa explicación alguna. Sin embargo,
posteriormente se reveló el precio pagado a la joyería por la compra de su arriendo: cincuenta diamantes
de exactamente tres quilates cada uno, todos tan semejantes, tan idénticos en su perfección, que los peritos
en diamantes consideran la existencia misma de la colección, hasta entonces desconocida, como un
acontecimiento único en la larga historia de las joyas.
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