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Comentario
Las tierras baldías es el tercer volumen de un largo relato inspirado en el poema narrativo
de Robert Browning «Childe Roland a la Torre Oscura llegó», y en cierto modo dependiente de
él.
El primer volumen, El pistolero, narra cómo Rolando, el último pistolero de un mundo que
«se ha movido», persigue y al fin da alcance al hombre de negro, un hechicero llamado Walter
que fingía haber sido amigo del padre de Rolando en aquellos tiempos en que aún se mantenía
la unidad del Mundo Medio.
Pero atrapar a este hechicero semihumano no es el objetivo final de Rolando sino
únicamente un jalón más en el largo camino que conduce a la poderosa y misteriosa Torre
Oscura, que se alza en el nexo del tiempo.
¿Quién es Rolando exactamente? ¿Cómo era su mundo antes de moverse? ¿Qué es la Torre
y por qué la persigue? Sólo tenemos respuestas fragmentarias.
Rolando es una especie de caballero andante, uno de los encargados de conservar -o acaso
redimir- un mundo que él mismo recuerda «lleno de amor y de luz». Sin embargo, ¿hasta qué
punto la memoria de Rolando refleja la realidad de aquel mundo? La cuestión es muy
susceptible de debate.
Sabemos que a Rolando se le impuso una temprana prueba de hombría cuando descubrió
que su madre se había convertido en amante de Marten, un hechicero mucho más importante
que Walter; sabemos que el propio Marten propició que Rolando descubriera la infidelidad de
su madre para que fracasara en la prueba y fuera «enviado al Oeste», a los yermos; sabemos
que Rolando desbarató los planes de Marten al superar la prueba.
Sabemos también que el mundo del pistolero está relacionado con el nuestro de una forma
extraña pero fundamental, y que a veces es posible cruzar de un mundo a otro.
En una estación de paso, posada de relevo de una olvidada ruta de diligencias a través del
desierto, Rolando encuentra a un muchacho llamado Jake que había muerto en nuestro
mundo; un muchacho que, en efecto, había sido empujado bajo las ruedas de un automóvil en
marcha desde la acera de una esquina en el centro de Manhattan. Jake Chambers murió bajo
la escrutadora mirada del hombre de negro -Walter- y despertó en el mundo de Rolando.
Antes de que den alcance al hombre de negro, Jake vuelve a morir..., esta vez porque el
pistolero, enfrentado a la segunda elección más angustiosa de su vida, decide sacrificar a este
hijo simbólico. Obligado a elegir entre la Torre y el chico, Rolando elige la Torre. Las últimas
palabras de Jake al pistolero antes de hundirse en el abismo son: «Váyase, pues. Existen otros
mundos aparte de éstos.»
La confrontación final entre Rolando y Walter se produce en un polvoriento gólgota de
huesos descompuestos. El hombre de negro le lee el futuro a Rolando con una baraja de cartas
de Tarot. Tres cartas muy extrañas -El Prisionero, La Dama de las Sombras y La Muerte («pero
no para ti, pistolero»)- se ofrecen particularmente a la atención de Rolando.
El segundo volumen, La invocación, empieza a orillas del Mar Occidental, no mucho después
de que haya concluido la confrontación de Rolando con Walter. Un pistolero exhausto despierta
en mitad de la noche para descubrir que la marea alta ha traído consigo una horda de bestias
carnívoras y rastreras, las «langostruosidades». Antes de que pueda huir de su reducido
campo de acción, Rolando es gravemente lesionado por esas bestias, que le arrancan los
dedos índice y medio de la mano derecha. Además, el pistolero queda emponzoñado por el
veneno de las langostruosidades, y cuando reanuda su viaje hacia el norte por la orilla del Mar
Occidental es un hombre enfermo..., tal vez moribundo.
Encuentra tres puertas que se alzan aisladas en la playa. Todas ellas se abren -para
Rolando y únicamente para él- a nuestro mundo; de hecho a la unidad en que vivía Jake.
Rolando visita Nueva York en tres puntos de nuestro continuo temporal con el propósito de
salvar su propia vida y al mismo tiempo atraer a los tres invocados que deben acompañarle en
su camino hacia la Torre.
Eddie Dean es El Prisionero, un adicto a la heroína que vive en el Nueva York de finales de
los años ochenta. Rolando cruza la puerta de la playa que da a su mundo y se introduce en la
mente de Eddie en el momento en que éste, que trabaja como camello de cocaína para un
hombre llamado Enrico Balazar, está a punto de aterrizar en el aeropuerto Kennedy.
Tras una serie de espeluznantes aventuras, Rolando consigue obtener cierta cantidad de
penicilina y transportar a Eddie Dean a su propio mundo
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