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Comentario
Murray Templeton tenía cuarenta y cinco años, estaba en la flor de su vida, y
todas las partes de su cuerpo funcionaban en perfecto orden excepto algunas
porciones clave de sus arterias coronarias, pero eso era suficiente.
El dolor vino de pronto, ascendió hasta un punto intolerable, y luego descendió
progresivamente. Pudo sentir que su respiración se relajaba, y una especie de
bendita paz lo invadió.
No hay placer como la ausencia de dolor... inmediatamente después del dolor.
Murray sintió una ligereza casi aturdidora, como si estuviera elevándose en el aire
v flotando
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