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| Comentario
En Sevilla, y en mitad del camino que se dirige al convento de San Jerónimo desde la puerta de la
Macarena, hay entre otros ventorrillos célebres uno que, por el lugar en que está colocado y las
circunstancias especiales que en él concurren, puede decirse que era, si ya no lo es, el más neto y
característico de todos los ventorrillos andaluces.
Figuraos una casita blanca como el ampo de la nieve, con su cubierta de tejas rojizas las unas,
verdinegras las otras, y entre las cuales crecen un sinfín de jaramagos y matas de reseda. Un
cobertizo de madera baña en sombra el dintel de la puerta, a cuyos lados hay dos poyos de ladrillo
y argamasa. Empotradas en el muro que rompen varios ventanillos abiertos a capricho para dar luz
al interior, y de los cuales unos son más bajos y otros más altos, éste en forma cuadrangular, aquél
imitando un ajimez o una claraboya, se ven de trecho en trecho algunas estacas y anillas de hierro
que sirven para atar las caballerías. Una parra añosísima, que retuerce sus negruzcos troncos por
entre la armazón de maderos que la sostienen, vistiéndolos de pámpanos y hojas verdes y anchas,
cubre como un dosel al estrado, el cual lo componen tres bancos de pino, media docena de sillas de
anea desvencijadas y hasta seis o siete mesas cojas y hechas de tablas mal unidas.
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| Autor : Becquer Gustavo A. |
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