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Comentario
¿Existen los extraterrestres? ¿Son inteligentes? ¿Más inteligentes que nosotros,
mejor organizados, civilizados incluso? ¿Nos envían mensajes? ¿Podemos
comunicarnos con ellos? Quizás muy pronto nos resultará al fin posible aportar
una respuesta a estas cuestiones fascinantes, irreprimibles e irritantes. No es
nueva la idea de que pueda existir una vida inteligente fuera de la Tierra. Por muy
alto que nos remontemos en el curso de la historia, siempre encontraremos que
dicha idea ha nutrido muchos de los más extravagantes y embrujadores sueños de
la humanidad. Sin embargo, sus primeras bases científicas datan de los siglos XVI
y XVII, como consecuencia de los trabajos teóricos de Nicolás Copérnico (1473-
1543) y, sobre todo, de las observaciones de Galileo (1564-1642). Desde el
momento, en efecto, en el que Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno aparecen
claramente como globos; desde el momento, también, en que se descubren sobre
la superficie lunar circos y montañas, se pudo legítimamente plantear el problema
de la existencia sobre objetos aparentemente tan semejantes a la Tierra, de seres
vivos dotados de conciencia, que pudieran habitarlos. La cuestión y las
especulaciones asociadas a esta cuestión fueron relanzadas el siglo pasado, con
la instalación de los grandes telescopios, del tipo del observatorio de Meudon
(1877), cuando la tecnología permitió agrandar el diámetro de los objetivos de
vidrio (hasta más de un metro en los Estados Unidos) y alargar los focos. Se
obtuvieron entonces Imágenes de una nitidez y de una precisión imposibles de
imaginar apenas veinte anos antes. Todo lo que podemos decir en la actualidad es
que, aparentemente, no existen seres pluricelulares ni sobre Marte, ni sobre
ningún otro cuerpo del sistema solar, ni incluso en el espacio interplanetario. La
investigación se orienta preferentemente, por lo tanto, hacia el hallazgo de formas
de vida prebióticas: ya sean moléculas orgánicas que pudiera presentar un gran
interés para los biólogos, ya sea reacciones prebióticas que pudieran anunciar la
formación de moléculas más complejas, del tipo ADN Como veremos, Titán, el
satélite de Saturno, los cometas y el espacio interplanetario están también en su
punto de mira. Las miradas se dirigen igualmente hacia el exterior del sistema
solar, hacia la estrellas más próximas.
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