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| Comentario
Hermanos: Vamos a estudiar en común este año un asunto de vital importancia para el pensador,
para el estudioso, para quienes desean ser útiles a la humanidad y ayudar a la raza en su
progresiva evolución. He dado al asunto de mis conferencias el titulo de "Las leyes de la vida
superior" porque muchas gentes religiosas que a tal vida aspiran, parecen inclinados a substraerla
del imperio de la ley, llevándola a extrañas regiones de arbitraria fantasía en donde se logre el
éxito sin esfuerzo o se provoque la caída sin flaqueza que la determine. La idea de que la
espiritualidad no está sujeta a Ley parece natural a primera vista, porque encontramos
correspondiente analogía en los medios por los cuales han llegado a dominarse las leyes del plano
físico en proporción inversa a como fueron desdeñadas y desconocidas. Examinemos por un
momento alguna de esas repentinas erupciones de las fuerzas naturales, alguno de esos tremendos
estallidos que en pocas horas levantan altísimas montañas, que convierten los amenos valles en
escarpadas cumbres y en eriales las tierras fértiles. El hombre pudo ver antes en estas erupciones
algo arbitrario, algo cataclístico, inopinado, caótico y fuera del orden normal de la evolución;
pero ulteriores estudios nos han enseñado que tan armónica es la erupción de un volcán como el
paulatino levantamiento del fondo de los mares que al cabo de miles de años llega a ser cordillera
de montañas. Aunque el primer movimiento parece cataclístico y ordenado el segundo, sabemos
actualmente que todo proceso natural, ya lento, ya súbito, ora previsto, ora inopinado, cae bajo el
dominio de la Ley y está externamente ordenado en su realización.
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