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Comentario
Suele ser hermoso que un libro plantee incógnitas. Desde las primeras páginas,
el misterio va desplegando sus invisibles alas de musgo y...
El caso del volumen que tienes entre las manos es bastante singular. No se trata
exactamente de un texto de misterio. Sin embargo es, en sí mismo, hijo directo de un
gran misterio que continuará una vez apurada la última de sus páginas. Y no porque el
presunto autor oculte claves o referencias aposta. No. En las páginas que siguen
figura todo lo que tiene que figurar a excepción, claro está, de aquellas cosas que a
mí mismo me son desconocidas...
La historia de este libro comenzó un buen los de febrero cuando, entre la
correspondencia del día, advertí la presencia de un obre que no llevaba franqueo.
Tampoco figuraban las señas del remitente. Sin duda, alguien lo había entregado
personalmente. Al abrirlo me encontré con esta carta:
Distinguido Sr. Joan Manuel Gisbert:
Espero y deseo que el contenido de esta misiva no le produzca demasiada
extrañeza y sepa usted concederle el crédito que su autenticidad merece.
Mi forma de ser, lacónica y reservada, me obligará a hacerla muy concisa, a
pesar de la complejidad de lo que en ella voy a manifestarle.
Abusando de su comprensión, me he permitido dejar mi nombre en el
anonimato. Usted sabrá disculpar este hecho si le aseguro que, dadas las
características de mi profesión, vinculada estrechamente a secretos científicos y
militares, sería del todo inconveniente que mi identidad se airease.
Digamos que mi especialidad es la astrofísica, desde un enfoque totalmente
científico, por supuesto. Es inútil que trate de adivinar o descubrir mi verdadera
personalidad. Con los pocos datos que podré ofrecerle, ello le resultaría imposible.
No vea esto como una prueba de desconfianza; se trata tan sólo de preservar secretos
que no está en mi mano revelar.
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