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Comentario
Branley Hopkins era uno de esos hombres desventurados que tienen demasiado éxito
demasiado pronto en la vida. Estudiante brillante, había emprendido inmediatamente
una también brillante carrera de analista de inversiones, prediciendo correctamente las
alzas en aparatos electrónicos y en ingeniería genética y evitando con igual corrección
las depresiones en el sector automovilístico y en el de servicios públicos.
Nunca nadie había subvalorado su consejo, lo que le permitió tener amasada una
considerable fortuna a la edad de treinta años. Pasó los cinco años siguientes
aumentando esa fortuna mientras se iba desprendiendo, uno tras otro, de los clientes
que se aferraban a él del mismo modo en que un ciego se aferra a su bastón. Ante el
portal de su casa se habrían podido acumular varias bancarrotas y más de un suicidio,
pero Branley era de los que meramente se limitan a pasar por encima de los cadáveres,
con soltura, sin bajar siquiera la mirada para ver quiénes pueden ser.
Al cumplir los treinta y cinco años se retiró completamente del negocio de aconsejar a
los demás y dedicó toda su atención al empleo de su fortuna personal. Realizó una
prueba para ver si podía dar satisfacción a todos sus caprichos sólo con los intereses
del dinero acumulado, sin tocar el capital.
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