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| Comentario
Esta selección de cuentos ha nacido en la mente del editor, ante todo, como un antídoto contra la
banalidad. En efecto, se ha convertido en tema normal de conversación, ampliamente aprovechado por
periodistas y conferenciantes, hablar del «gran florecimiento», de la «extraordinaria importancia», de la
ciencia-ficción en la Unión Soviética. Cualquier persona, dotada de un mínimo de facilidad de palabra, es
capaz de improvisar, al menos durante tres cuartos de hora, sobre el tema de la relación entre la fantasía de
ciencia-ficción y la mentalidad de la nueva clase de tecnócratas que está tomando las riendas del poder en la
Unión Soviética. También los parangones entre la ciencia-ficción soviética y la americana está al alcance de
cualquier mentalidad. Según el punto de vista del conferenciante, es posible escuchar que la ciencia-ficción
soviética es inferior a la americana por un exceso de preocupaciones ideológico-políticas, o que es superior
por su mayor limpieza moral y por un mayor y serio empeño humano.
Pero en cuanto se intenta pedir a estos locuaces conferenciantes que den algún nombre, que citen algún
ejemplo concreto, entonces un velo de niebla empieza a caer sobre todo y a confundir peligrosamente los
contornos. Pueden estar satisfechos si oyen citar al clásico Nosotros, de Zamjatin, o la Aelita, de Tolstoj,
textos que pertenecen, queriendo ser benévolos, a la prehistoria de la ciencia-ficción. Por lo demás, la
contestación que se les da más frecuentemente es que una búsqueda en este campo es muy complicada y que
haría falta, un día u otro, afrontar el problema seriamente.
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