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Comentario
Las ya extinguidas religiones del pasado han sido tan numerosas y diversas como las vivientes
lo son en la actualidad. Pero dirigiendo una mirada retrospectiva a la historia antigua para
compararla con la moderna, se nota la gran diferencia de no haber en aquella indicio alguno de
persecuciones religiosas. Se observa que cada culto tenía su propio dominio, su terreno propio en
el que reinaba. Cada nación tenía su religión propia que vivía en buenas relaciones con las de
las naciones vecinas, salvo en caso de guerra. Así se vé que en Roma, por ejemplo, se edificó un
grandioso panteón donde tenían sitio y eran debidamente honrados los dioses de todas las
naciones del imperio romano. Pudieron haber a veces celos o envidia entre las religiones, pero
estaban muy lejos de pensar en que debía imponerse determinada religión a todas las naciones;
antes bien se consideraba natural que cada nación tuviese su culto peculiar y que los ciudadanos
adorasen a su Dios nacional.
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