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Comentario
¿Por qué este libro?
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Los integrismos, generadores de violencias y de guerras, son una enfermedad mortal de
nuestro tiempo. Este libro forma parte de una trilogía dedicada a combatirlos:
Grandeza y decadencia del Islam
, donde denuncio el epicentro del integrismo
musulmán: Arabia Saudita. Y donde designé al rey Fahd, como cómplice de la invasión
americana en el Oriente Medio, como “prostituta política” que hace del islamismo una
enfermedad del Islam.
Dos obras dedicadas al integrismo católico romano que, mientras pretende “defender la
vida”, disertando sobre el embrión, se calla cuando 13 millones y medio de niños
mueren cada año de malnutrición y de hambre, víctimas del “monoteísmo del mercado”
impuesto por la dominación americana. Estas obras se titulan:
¿Necesitamos a Dios?
y
¿Hacia una guerra de religión?
(contra el monoteísmo del mercado).
La tercera parte del tríptico:
Mitos fundadores de la política israelí
, denuncia la herejía
del sionismo político que consiste en sustituir al
Dios
de Israel por el Estado de Israel,
portaaviones nuclear e insumergible de los provisionales maestros del mundo: Los
Estados Unidos, que pretenden apropiarse del petróleo de Oriente Medio, nervio del
crecimiento a la manera occidental. (Modelo de “crecimiento” que, respaldado por el
F.M.I., cuesta al Tercer Mundo el equivalente en muertos de una Hiroshima cada dos
días).
Desde Lord Balfour, que declaró, mientras entregaba a los sionistas un país que no le
pertenecía: “
Poco importa el sistema puesto en marcha para que conservemos el
petróleo de Oriente Medio. Es esencial que este petróleo permanezca accesible
.”
(Kimhe John,
Palestine et Israël
. Éd. Albin Michel. 1973, p.27), hasta el secretario de
Estado americano Crodell Hull: “
Es necesario entender que el petróleo de Arabia
Saudita constituye una de las más poderosas palancas del mundo
” (ibídem, p.240), una
misma política asigna la misma misión a los dirigentes sionistas israelíes: la que definió
Joseph Luns, antiguo secretario general de la O.T.A.N.: “
Israel fue el mercenario más
barato de nuestra época moderna
.” (Nadav Shragaï,
Haaretz
del 13 de marzo de 1992)
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