 |
|
Comentario
En el jardín de la señora Swinton siempre era verano. Los deliciosos almendros se
alzaban en él con un follaje perenne. Mónica Swinton cortó una rosa de color de
azafrán y se la mostró a David.
- ¿No es preciosa? - comentó
David alzó los ojos hacia su madre y sonrió sin responder. Tomando la flor, corrió con
ella por el césped y desapareció detrás de la perrera, donde permanecía almacenada
la segadora robot, dispuesta para cortar, barrer o cuidar el césped en el momento que
fuera necesario. La señora Swinton permaneció inmóvil en su impecable sendero de
gravilla de plástico.
La mujer había intentado amar al pequeño.
Cuando se decidió a seguir a David, le encontró en el patio haciendo flotar la rosa en
su pequeña alberca poco profunda. El pequeño, absorto con su flor, se había metido
en el agua sin quitarse las sandalias
| |