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Comentario
MOSQUITO. ¡Hombres y mujeres! Atención. Niño, cierra esa boquita, y tú, muchacha,
siéntate con cien mil de a caballo. Callad, para que el silencio se quede más clarito,
como si estuviese en su misma fuente. Callad para que se asiente el barrillo de las
últimas conversaciones.
(Tambor.)
Yo y mi
compañía venimos del teatro de los burgue-
ses, del teatro de los condeses y de los marqueses, un teatro de oro y cristales, donde los
hombres van a dormirse y las señoras... a dormirse también. Yo y mi compañía está-
bamos encerrados. No os podéis imaginar qué pena teníamos. Pero un día vi por el
agujerito de la puerta una estrella que temblaba como una fresca violeta de luz. Abrí mi
ojo todo to que pude -me lo quería cerrar el dedo del viento- y bajo la estrella, un ancho
río sonreía surcado por lentas barcas. Entonces yo avisé a mis amigos, y huimos por
esos campos en busca de la gente sencilla, para mostrarles las cosas, las cosillas y las
cositillas del mundo; bajo la luna verde de las montañas, bajo la luna rosa de las playas.
Ahora que sale la luna y las luciérnagas huyen lentamente a sus cuevecitas, va a dar
comienzo la gran función titulada
Tragicomedia de don Cristóbal y la señá Rosita...
Preparaos a sufrir el genio del puñeterillo Cristóbal y a llorar las ternezas de la señá
Rosita que, a más de mujer, es una avefría sobre la charca, una delicada pajarita de las
nieves. ¡A empezar!
(Hace mutis, pero vuelve corriendo.) Y
ahora... ¡viento!: abanica
tanto rostro asombrado, llévate los suspiros por encima de aquella sierra y limpia las
lágrimas nuevas en los ojos de las niñas sin novio
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