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Comentario
Elsa Hornos dijo en el teléfono:
- Miriam, siento tanto que no puedas ir... Sí, será divertido. Y no te preocupes por
Julia. Miss Four la cuidará.
Espió hacia donde la sirvienta estaba sentada, cosiendo con su cabeza doblada sobre
el vestido de la niña.
- ¿Qué?... ¡Oh, es maravillosa! Maravillosa con Julia, sí. Ha estado con nosotros casi
un mes. Justo después de que te fuiste al bungalow... ¡Sí, por supuesto, un nuevo
vestido! Azul... - Le habló amistosamente a la sirvienta: - La luz no es buena, miss Four.
Se arruinará los ojos.
- La luz es completamente adecuada, señora - dijo con precisión la señorita Four,
mirando a Elsa. Era una mujer pequeña, delgada y pálida, muy gentil, de ojos y cabello
incoloros. Llevaba un vestido negro con cuello blanco, un broche blanco lechoso como
un ojo ciego, y medias y zapatos negros -. Puedo ir a la otra habitación, si lo prefiere -
dijo cortésmente, con una voz algo fría.
Elsa enrojeció.
- Oh, no, miss Four, no quise decir eso... Sí, todavía estoy aquí, Miriam. Quédese
donde está, miss Four.
- Sí, señora. - La cabeza de la señorita Four volvió a inclinarse; sus finos dedos
remendaban el vestido con habilidad.
- ¿Te veo el viernes, Miriam, en lo de Elena?... Bien. Y pienso que es una pena que
la señora Gómez no haya podido.
- Si me perdona, señora - dijo la señorita Four -, no pude evitar oír. ¿La señora Gal
tiene dificultades para hallar alguien que se encargue de sus chicos?
Sorprendida, Elsa se dio vuelta, dejando el teléfono.
- Un minuto, Miriam... ¿Qué dijo, miss Four?
- Perdóneme, señora - dijo la sirvienta, inclinando la cabeza en una breve imitación
de reverencia -, si le parezco entrometida. Estaba por sugerir que, si la señora Gal trae
sus chicos esta tarde, me daría mucho gusto cuidarlos. Podrían inclusive quedarse toda
la noche, señora.
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