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Comentario
Stephen King ha inaugurado el nuevo milenio sacudiendo los cimientos de la industria
editorial.
Riding the Bullet
apareció el 14 de marzo directamente en Internet, sin pasar por el papel
y, por tanto, prescindiendo del hasta ahora intocable triunvirato autor-editor-lector. Para
estupefacción de todos, el maestro del terror se había saltado el gran intermediario sobre el cual
gira la edición de libros tal como la entendemos desde siempre. Su propuesta despertó tantas
expectativas que
Riding the Bullet,
lanzado directamente en la página web de Simon & Schuster, la
editorial que hasta ahora ha publicado las obras de King, alcanzó los 400.000 ejemplares en menos
de veinticuatro horas y el exceso de demandas bloqueó el acceso a la página y saturó el sistema.
Es la primera vez que un autor de fama mundial decide valerse de Internet y, de paso,
bautizar «oficialmente» un fenómeno que algunos denominan «literatura
virtual» y otros
«libro
electrónico».
Salvando las distancias, estamos ante una revolución .que podría equipararse a la de
Gutenberg. La iniciativa de King constituye un mojón histórico que, con independencia de los
vaivenes a que se vea abocada esta nueva relación autor-lector, nos obliga a pensar en una manera
de entender la literatura no basada indefectiblemente en el libro-objeto, con todos los rituales
públicos y privados que éste siempre ha conllevado.
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