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Comentario
La resurrección, como la política, trae extraños compañeros de cama -dijo Sam
Clemens-. No puedo decir que haya sido un sueño reparador.
Con el telescopio bajo el brazo, aspiró el humo de un largo puro verde mientras
paseaba por la cubierta de popa del Dreyrugr, el Ensangrentado. Ari Grimolfsson, el
timonel, no comprendía el inglés, y lanzó una mirada sombría a Clemens. Clemens
tradujo sus palabras a un deficiente noruego antiguo. El timonel no por eso dejó de mirarle
sombríamente.
Clemens le maldijo en inglés, llamándole necio bárbaro. Clemens había practicado
durante tres años, noche y día, noruego del siglo X. Y sólo podía hacerse entender a
medias por la mayoría de los hombres y mujeres del Dreyrugr.
-Soy un Huck Finn de noventa y cinco años, siglo más o menos -dijo Clemens-.
Empecé río abajo, en una balsa. Y ahora estoy en este estúpido barco vikingo, río arriba.
¿Qué vendrá después? ¿Cuándo conseguiré realizar mi sueño?
Manteniendo la parte superior de su brazo izquierdo pegada al cuerpo para que no se
le cayese el precioso telescopio, golpeó con su puño derecho la palma abierta de la mano
izquierda.
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