 |
|
Comentario
A la luz de una vela de sebo colocada en un extremo de una rústica mesa, un hombre
leía algo escrito en un libro. Era un viejo libro de cuentas, muy ajado; y la escritura no era,
aparentemente, muy legible, porque de tanto en tanto el hombre acercaba la página a la
llama de la vela para que la luz cayera con más intensidad sobre ella. Entonces, la
sombra del libro oscurecía la mitad del cuarto, ensombreciendo varios rostros y figuras;
pues había ocho hombres presentes además del lector. Siete de los ocho estaban
sentados contra las rústicas paredes de troncos, silenciosos, inmóviles y, como el cuarto
era pequeño, no muy lejos de la mesa. Extendiendo un brazo, cualquiera de ellos podría
haber tocado al octavo hombre, que yacía sobre la mesa boca arriba, parcialmente
cubierto por una sábana, con los brazos al costado. Estaba muerto
| |