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Comentario
Yo nunca leí los prólogos. Siempre preferí pasar a la lectu-
ra y proponer mi propia interpretación; siempre pensé
que los prólogos tratan de explicar lo inexplicable, y que
le sirven a los autores de los mismos, para desarrollar su propia
visión de la poesía y anteponerse a la del propio autor del libro.
A lo sumo, los he leído luego y me han agregado algo, por lo
que bien podrían ir al final del libro, y así podríamos llamarlos
póstlogos
.
De manera que si usted no quiere leer éste, o hacerlo luego,
le estoy sinceramente agradecido. Pero si lo hace, le hago una
primera propuesta: imagínese que estamos en medio del rito de
una tribu; es anochecer, y una joven, que se llama Gabriela, se
pone de pie contra el fondo de una selva muy verde, y comenza a
entonar extrañas palabras que los oyentes sienten en sus pechos
como la representación de lo que viven todos los días, pero que
sin embargo no pueden decirlo. Esto es lo que hace el poeta.
En un tiempo en que se nos quiere convencer de que una
llamada telefónica a un programa de televisión puede salvarnos
la vida y otorgarnos la felicidad, en días en que se avecina un
futuro pleno a través de una máquina enchufada en casa, la poe-
sía nos alcanza un respiro de cordura y fresca verdad como en el
poema “Yo no creo”… Pero no se adelante: si usted ha leído
hasta aquí debo decirle que lo que hace el poeta es ser profeta
por todos
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