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Comentario
Henry Blodgett consultó su reloj de pulsera y vio que eran las dos de la madrugada. Desesperado, cerró de
golpe el libro de texto que estaba estudiando y dejó caer su cabeza entre los brazos, que tenía extendidos
sobre la mesa. Sabía que no conseguiría pasar los exámenes del día siguiente; cuanto más estudiaba
Geometría, menos la entendía. En general, las Ciencias Exactas siempre le habían resultado difíciles, pero
entonces se dio cuenta que le sería totalmente imposible aprender Geometría.
Pero reprobar aquella asignatura significaba el fin de sus estudios; ya había reprobado otras tres
asignaturas durante sus dos primeros semestres y otra reprobación en aquel año significaría, según el
reglamento de la Universidad, la expulsión irrevocable.
Además, deseaba ardientemente poseer la licenciatura, pues le era indispensable para la carrera que
había elegido y que constituía la meta de sus aspiraciones. Pero entonces, sólo un milagro podría salvarlo.
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