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Comentario
Olaf Johnson canturreaba entre dientes mientras sus ojos azules observaban
soñadores el impresionante abeto situado en un rincón de la biblioteca. Aunque ésta
era la estancia más amplia de la Base, a Olaf no le parecía demasiado espaciosa en
aquella ocasión. Se inclinó con entusiasmo sobre la enorme canasta que tenía a su
lado y extrajo el primer rollo de papel verde y rojo.
No se detuvo a reflexionar sobre el repentino impulso sentimental que se había
apoderado de la Productos Ganimedinos, S. A., para enviar a la Base una colección
completa de adornos navideños. Olaf se hallaba bien preparado para desempeñar el
trabajo que se había impuesto como decorador en jefe de los temas navideños; este
cargo le colmaba de satisfacción.
De repente frunció el entrecejo y masculló una maldición. La lámpara que convocaba
Asamblea General empezó a lanzar destellos histéricamente. Con expresión
contrariada dejó a un lado el martillo, que ya había levantado, así como el rollo de
papel; se arrancó unas cuantas lentejuelas del cabello y se dirigió al departamento
de los oficiales.
El comandante Scott Pelham estaba arrellanado en el sillón presidencial cuando
entró Olaf. Sus dedos rechonchos tamborileaban sin ritmo sobre el cristal que cubría
la parte superior de la mesa. Olaf sostuvo sin temor la mirada colérica del
comandante, ya que en su departamento no había ocurrido ninguna anomalía en
veinte circunvoluciones ganimedinas.
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