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Comentario
Ailsa había sido probablemente la chica menos agraciada y menos dotada en la
universidad, pero también la más lógica y sensata. Ahora casi veinticinco años después,
era la mujer más atractiva que Martin hubiese visto alguna vez, y a juzgar por su
vecindario, por algunas leguas la más suntuosa.
«...tan afortunada corriendo hacia ti otra vez después de todos estos años», estaba
diciendo con esa voz indescriptiblemente afrodisíaca. «Sabes acerca de editores y
puedes aconsejarme sobre esta novela. Me estaba sintiendo tan fatigada del piano...»
Martin había escuchado sus grabaciones de piano y sabía que eran espléndidas, como
las grabaciones de canciones lo habían sido antes que ellas y las pinturas no figurativas
antes que estas y los fascinantes diseños de modas y esa asombrosa ponencia sobre
los números primos. El también sabía que los ingresos de todas esas actividades juntas
podrían difícilmente haber proveído la Habitación Plateada en la cual cenaron o la
Habitación Dorada en la cual el más tarde leyó la novela (la cual era por supuesto
espléndida) o el cuarto cuyo color el nunca advirtió debido a que no durmió solo (y aquí
aún la palabra espléndida era inadecuada).
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