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Comentario
El padre de la niña murió cuando Marta estaba todavía en la cuna y su madre falleció antes de que la niña
cumpliera diez años de edad. Fue a vivir sus años de orfandad en la casa de un pobre vecino, que con su
mujer y sus hijos, vivía de los frutos de la tierra en una pequeña y. aislada aldea, en uno de los hermosos
valles del Líbano.
Al morir el padre de Marta, por toda herencia le dejó su nombre y una pobre cabaña que se alzaba entre
nogales y álamos. De su madre sólo había hererado lágrimas de dolor y su orfandad total. Vivió como una
extranjera en la tierra que la había visto nacer, sola entre árboles frondosos y altas rocas. Cada mañana, la
niña caminaba descalza, vestida de harapos, e iba a ordeñar a las vacas a una región del valle donde el pasto
era rico, y allí se sentaba la niña a la sombra de un árbol. Canta con los pajarillos y lloraba. con el arroyo,
mientras enviciaba a las vacas por disponer de abundante comida. Contemplaba las flores y el revoloteo de
las mariposas. Al hundirse el sol en el horizonte el hambre se apoderaba, de ella, y volvía a la cabaña, a
sentarse junto a la hija de su tutor
,
y a comer una escasa ración de pan de maíz, con un poco de truta seca y
frijoles humedecidos en vinagre y aceite de oliva. Después de la frugal cena, extendía pa
.
a seca en el:
suelo, en un rincón, y se acostaba, reposando la cabeza en sus brazos. Luego se dormía y suspiraba, y
deseaba que la vida` fuera un sueño largo y profundo, sin ensueños y sin despertar. Cerca del alba, su tutor
la despertaba bruscamente para que lo sirviera, y la niña despertaba temblando de miedo por la dureza y la
ira de su tutor. Así pasaron varios años en la vida de Marta, la desventurada, entre aque.llas distantes
colinas y apartados valles
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