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Comentario
Probablemente fue Carlota la que tuvo la idea. Lo cierto es que todos la aceptaron,
aunque sin ganas. Era la hora de la siesta de un día muy caluroso, el 8 o el 9 de enero.
En cuanto al año, no caben dudas: 1919. Los muchachos no sabían qué hacer y decían
que en la ciudad no había un alma, porque algunos amigos ya estaban veraneando.
Salcedo convino en que el Parque Japonés quedaba cerca. Agregó:
—Será cosa de ponerse el rancho e ir en fila india, buscando la sombra.
—¿Están seguros de que en el Parque Japonés funciona el Nóumeno?—preguntó
Arribillaga.
Carlota dijo que sí. El Nóumeno era un cinematógrafo unipersonal, que por
entonces daba que hablar, aún en las noticias de policía.
Arturo miró a Carlota. Con su vestido blanco, tenía aire de griega o de romana.
"Una griega o romana muy linda", pensó.
—Vale la pena costearse—dijo Arribillaga—. Para hacernos una opinión sobre el
asunto.
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| Autor : Bioy Casares Adolfo |
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