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Comentario
Fui elegido miembro del club al que pertenece Jorkens. El Club del Billar se llama,
aunque allí no se juega mucho al billar. Fui allí mucho antes de volverme a encontrar
con Jorkens; y escuché muchas historias después del almuerzo, cuando nos
sentábamos alrededor de la lumbre; mas, de una forma u otra, en todas ellas parecía
faltar algo, sobre todo para quien esperara una de las de Jorkens. Uno ha oído relatos
de muchos países y de muchos pueblos, algunos de ellos bastante extraños; y, sin
embargo, en el preciso momento en que la historia promete captar tu interés, echas en
falta algo. O tal vez haya demasiadas cosas; demasiados hechos, un excesivo respeto
a la veracidad e imparcialidad, que conduce a muchos a meter todo en sus cuentos,
con independencia de su interés, simplemente porque es verdad. Con esto no quiero
decir que los relatos de Jorkens no sean verídicos, circunstancia que, hasta cierto
punto, su biógrafo sería el último en sugerir; sería injusto con un hombre con el cual me
he divertido tanto. Ofrezco sus palabras tal y como salieron de sus labios, hasta donde
puedo recordarlas, y dejo al lector que juzgue por sí mismo.
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