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Comentario
Mas ¿cómo hacerlo con toda la extensión que cumplía a mi propósito? Varios caminos se
ofrecían a mi vista para ello, mas ninguno me satisfacía: unos, por lo anticuados o
extemporáneos; otros, por escasos y limitados para mi objeto. -La novela satírica de
costumbres, al corte de la de Gil Blas, que era lo que más me seducía, estaba enterrada hacía
dos siglos entre nosotros, y no era dado a ningún escritor desenterrarla repentinamente ante un
público apasionado a la novela romántica de D'Arlincourt, o la histórica de Walter Scott. -El
teatro, que seguramente es el medio más eficaz para reflejar las costumbres con toda su
viveza y colorido, era insuficiente para recorrer como yo deseaba todas las clases, desde las
más humildes a las más elevadas, y adolecía ya de marcada tendencia al drama romántico,
que empezaba a ser el favorito del público. -Por otro lado, yo no podía competir tampoco con la
gracia, la espontaneidad y galanura del insigne BRETON, único adalid que se atrevía a
sostener esta lucha desigual. -Los cuentos y narraciones fantás ticas, los apólogos, los sueños
y alegorías a la manera de Quevedo, Espinel, Mateo Alemán y D. Diego de Torres; los viajes
de Wanthon y de Gulliver; las Cartas Marruecas de Cadalso, y otras formas literarias adoptadas
por escritores anteriores para describir las costumbres patrias, no eran ya propias de este siglo,
más explícito; preciso era inventar otra cosa que no exigiese la lectura seguida del libro, sino
que le fuese ofrecida en cuadros sueltos e independientes, valiéndose de la prensa periódica,
que es la dominante en el día, porque el público gustaba ya de aprender andando, y todavía no
se le había acostumbrado a recibir las páginas del libro por debajo de las puertas en entregas o
pliegos sueltos
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