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Comentario
La ciencia ficción moderna, para quienes cultivan o están familiarizados con este
campo, es una frase que alude a un cambio, fácilmente identificable, en la estructura
relativa a esta clase de novelas, y que dio comienzo en 1938 y se hizo claramente manifiesta a mediados de 1939. El verdadero revolucionario fue John W. Campbell, el
cual no sólo impulsó vigorosamente esta rama literaria en la dirección que deseaba, sino
que, bajo el seudónimo de don A. Stuart, escribió previamente los modelos de esta clase
de historias forjadas en su imaginación.
La ciencia ficción «moderna»
(1)
de Campbell puso especial énfasis en ciertos hechos:
1. — La forma en que eran escritas las historias. Exigía, en los cuentos «normales»
publicados por él, un mayor grado de sofisticación que el generalmente requerido en la
ciencia ficción. Esto se aplicaba no solamente al perfeccionamiento estilístico, sino
también a la forma en que se presentaban las ideas. El subterfugio se convirtió en una
característica del método literario de la ciencia ficción moderna. Se ha dicho, con cierta
justicia, que lo que la ciencia ficción llamaba «excelentes obras» se limitaba a seguir la
corriente en boga durante los años treinta y que incluso hoy, veintiséis años después,
dichas obras se asemejan más al «Saturday Evening Post» y al «Cosmopolitan» de la
época de la depresión que a la literatura de ficción de vanguardia.
—Mayor énfasis en el factor psicológico. Es decir, cómo afectarían a las personas del
mundo del futuro los inevitables cambios sociales y tecnológicos; cómo sería su
comportamiento en la vida diaria bajo unas circunstancias tan radicalmente cambiadas;
qué situaciones resultarían dramáticas en los innumerables futuros ideados.
—La importancia de la filosofía sobre la acción cultural. Cada civilización vive con
arreglo a cierta filosofía, firme o difusa. La valoración debía hacerse no sólo en cuanto a
las futuras filosofías del hombre, sino de acuerdo con fantásticas e infinitas filosofías
hipotéticas de criaturas extrañas.
—La exploración de la posibilidad de poderes extraños en varios miembros de la raza
humana. Los más directamente implicados eran los humanos que constituían una
mutación psíquica o mental, pero se incluían ampliamente la telepatía, levitación,
teleportación y telequinesis, así como toda la gama conocida como «Fenómeno Fortiano»,
es decir, la sucesión de hechos inexplicables que Charles Fort creía que desobedecían a
las «leyes» de la ciencia
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