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Comentario
Aclaración Preliminar
Comenzaremos por negar dos aserciones muy frecuentemente repetidas con
relación a los síntomas objeto de este estudio, o sea a las obsesiones y las fobias. Es
preciso afirmar: 1º. Que no forman parte de la neurastenia propiamente dicha, puesto que
los enfermos atacados de estos síntomas son unas veces neurasténicos y otras no. 2º. Que
no es exacto hacerlos depender de la degeneración mental, pues los hallamos en personas
no más degeneradas que la mayoría de los neuróticos, y, además, suelen corregirse, e
incluso en algunas ocasiones curarse.
Las obsesiones y las fobias son neurosis aparte, de un mecanismo especial y de una
etiología que en un cierto número de casos me ha sido posible descubrir; mecanismo y
etiología que espero volver a hallar en un gran número de casos nuevos.
Para mejor delimitar nuestro tema dejaremos a un lado una cierta clase de
obsesiones intensas, que no son sino recuerdos, imágenes no alteradas de sucesos
importantes. Citaré como ejemplo la obsesión de Pascal, que creía ver abrirse un abismo a
su izquierda «desde el día en que la carroza en que iba estuvo a punto de volcar y
precipitarse en el Sena». Estas obsesiones y estas fobias, que podríamos calificar de
traumáticas, se enlazan a los síntomas de la histeria.
Una vez separado este grupo, es necesario distinguir otros dos: a) Las obsesiones
propias; y b) las fobias. Su diferencia esencial es la siguiente:
En toda obsesión hay dos elementos: 1º. Una idea que se impone al enfermo. 2º.
Un estado emotivo asociado. Ahora bien: en las fobias, este estado emotivo es siempre la
angustia, mientras que en las obsesiones propias puede ser igualmente cualquier otro, tal
como la duda, el remordimiento o la cólera. Ante todo, trataré de explicar el mecanismo
psicológico, verdaderamente singular, de las obsesiones propias, muy diferente del de las
fobias.
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