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Comentario
Recordó la lluvia, y el pálido resplandor de las luces de los automóviles. No veía nada
más, pero sabía que Emily yacía cerca de él, inmóvil, cubierta por un abrigo ajeno. Era
doloroso nacer de este modo; un blanco cuchillo lo atravesaba con cada inhalación.
Todo se disipó. Cuando volvió a despertar, ambos estaban en el coche, alejándose en
violentos vuelcos del estrépito de una colisión. El otro automóvil retrocedía; sus luces
delanteras, finalmente, palidecieron alejándose por la falda de la colina hasta
desaparecer. Suave, silenciosamente, la carretera se deslizaba hacia atrás.
Sullivan, mientras conducía, contempló las estrellas que titilaban en la noche. Estaba
fatigado y sereno, no deseaba nada en particular, todo lo aceptaba con tranquilo
asombro
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