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Comentario
I La fantasía de presenciar cómo «pegan a un niño» es confesada con sorprendente frecuencia por
personas que han acudido a someterse al tratamiento psicoanalítico en busca de la curación de una histeria o
una neurosis obsesiva, y surge probablemente aún con mayor frecuencia en otras que no se han visto
impulsadas a tal decisión por una enfermedad manifiesta. A esta fantasía se enlazan sensaciones placientes, y
a causa de las cuales ha sido reproducida infinitas veces o continúa siéndolo. Al culminar la situación
imaginada se impone al sujeto regularmente una satisfacción sexual de carácter onanista, voluntaria al
principio, pero que puede tomar más tarde un carácter obsesivo.
La confesión de esta fantasía cuesta gran violencia al sujeto; el recuerdo de su primera emergencia es
harto inseguro, y su investigación analítica tropieza con una resistencia inequívoca. La vergüenza y el
sentimiento de culpabilidad parecen actuar aquí con mucha mayor energía que en confesiones análogas sobre
los recuerdos primeros de la vida sexual.
Conseguimos fijar, por fin, que las primeras fantasías de este género surgieron en época muy
temprana; desde luego, antes del período escolar, hacia los cinco o los seis años. Cuando el niño veía pegar a
otros en la escuela, este suceso despertaba de nuevo la fantasía en aquellos casos en los que ya había sido
abandonada, o la intensificaba cuando aún no existía, modificando su contenido de un modo singular. A partir
de aquí «pegaban a muchos niños». La influencia de la escuela era tan clara, que los pacientes se inclinaban a
un principio de referir exclusivamente sus fantasías de flagelación a esta impresión de la época escolar
posterior a sus seis años. Pero esta hipótesis no pudo mantenerse nunca, pues siempre se demostraba que tales
fantasías habían existido ya con anterioridad.
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