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Comentario
Hace unos diez años asistí a un congreso sobre el bienestar, en calidad de conferenciante invitada, para
hablar sobre la fisiología y la psicología del cuerpo-mente. Me dirigía hacia mi oficina con la resolución de un
decidido nadador que se ha propuesto dejar atrás una fuerte marea de papeleo, cuando escuché una voz que
me llamaba por mi nombre. Al volverme vi a Robin Casarjian, a quien conocía de otros dos encuentros
anteriores. Ella daba un curso de control del estrés en el Plan de Salud para la Comunidad de Harvard,
Organización de Mantenimiento de la Salud de la zona de Boston, y yo dirigía una sección para personas con
afecciones relacionadas con el estrés en un hospital cercano; por lo tanto, ambas teníamos intereses comunes.
Algo en el caluroso saludo de Robin y su «presencia» (porque Robin es una de aquellas personas que
verdaderamente están presentes cuando hablan contigo) me hicieron olvidar la urgencia de mi montaña de
papeles. Decidí asistir a la conferencia que estaba a punto de dar, aun cuando el tema me pareció insólito para
un congreso sobre la salud. Robin iba a hablar del perdón.
«¿Perdón?», pensé mientras esperaba a que comenzara la conferencia. ¿En qué contribuye el perdón a la
salud? Mentalmente repasé una reciente conversación telefónica con mi madre y sentí la reacción de mi
cuerpo: los músculos tensos, espasmo en los intestinos, el corazón acelerado. Habiendo sido ella, en primer
lugar, quien me instaló el teclado, sabía muy bien dónde se encontraban las teclas. Nuestra relación estaba
estancada en un baile repetitivo en el que pulsábamos las teclas del dolor, de la rabia, de la actitud defensiva y
el sentimiento de culpabilidad. Años de terapia y de trabajo de crecimiento personal me habían revelado
muchas cosas sobre nuestra relación, pero todavía me sentía estancada. Faltaba algo para que nuestra
relación sanara. Ese algo repercutía claramente en mi nivel de estrés y en mi salud física. Mientras estaba allí
sentada esperando que Robin comenzara su conferencia, la sabiduría profunda de mi corazón me dijo que el
elemento que faltaba era el perdón... y que era posible que ese perdón fuera la clave principal de la curación.
Empecé a pensar en lo que significaría realmente perdonar a mi madre y perdonarme a mí misma, y
entonces se levantaron un buen número de murallas que bloquearon la sabiduría de mi corazón. Perdonar a mi
madre, ¿significaría que ella tenía razón y yo estaba equivocada? ¿Que tendría que vivir tragándome la intensa
rabia que solía sentir contra ella? ¿Que debería poner la otra mejilla y fingir que mi madre no podía hacerme
sufrir?
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