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Comentario
Hasta en la misma Tierra puede hallarse refugio en lugares protegidos por densas
sombras. Por supuesto, también resultarán visibles contra un fondo iluminado, pero si no
llega demasiada luz desde los costados, una persona puede introducirse en un espacio
de sombra y difícilmente será descubierta.
Más allá de la Tierra, donde no existe aire que disperse la luz, debería ser aún más
fácil ocultarse. La propia sombra de la Tierra, por ejemplo, es un cono de un millón de
millas de longitud con su vértice situado del lado opuesto al Sol, invisible en medio de la
oscuridad circundante y en donde reina una invisibilidad aún más perfecta, ya que sólo
penetra en él la luz de las estrellas y los débiles rayos desviados hacia su interior por la
delgada capa de aire que envuelve la Tierra.
El Cazador sabía que se encontraba dentro de la sombra de un planeta, aunque no
había oído hablar nunca de la Tierra; lo supo desde el mismo momento en que vió,
después de haber disminuido su velocidad por debajo de la velocidad de la luz, el disco
negro rodeado de una franja escarlata, situado con exactitud a su frente; entonces advirtió
que la nave fugitiva sólo podría ser detectada por medio de instrumentos. Pero de pronto
descubrió que el otro vehículo era visible a simple vista, y el débil temor que había rozado
su espíritu momentos antes irrumpió a un primer plano.
No había podido comprender por qué causa el fugitivo disminuyó su velocidad por
debajo de la velocidad de la luz; quizá lo hiciera en la vaga esperanza de que su
perseguidor lo sobrepasara y poder quedar así fuera del alcance de los detectores; al
fracasar esta tentativa, el Cazador esperaba que el otro acelerara nuevamente su marcha.
En cambio, la velocidad seguía disminuyendo. El vehículo volador se encontraba entre el
suyo y ese mundo que se destacaba enfrente, haciendo peligroso el intento de alcanzarlo
con demasiada rapidez; y el Cazador comenzó a pensar que sólo era posible un retroceso
en la misma dirección por la que habían venido. En ese momento, un destello de luz roja,
visible a simple vista, indicaba que el otro había penetrado ya dentro de una atmósfera. El
planeta era más pequeño y se encontraba más cerca de lo que el Cazador había
calculado.
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