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Comentario
Se despertó de pronto, preguntándose por qué dormía si no quería hacerlo. Echó una
rápida ojeada a la esfera luminosa de su reloj de pulsera. Los números, que brillaban en
una oscuridad casi absoluta, le indicaron que pasaban unos minutos de las once. Había
descansado; fue suficiente una breve cabezada. Se había quedado dormido en el sofá,
menos de media hora antes. Si su esposa realmente quería estar con él, habría de ser
más tarde. Tendría que esperar hasta estar segura de que la condenada hermana de él
estuviera dormida, profundamente dormida.
Resultaba una situación ridícula. Sólo llevaban casados tres semanas, volvían de la
luna de miel, y era la primera vez que dormía solo durante ese tiempo. Y todo porque su
hermana Débora había insistido absurdamente en que pasaran la noche en su
apartamento. Cuatro horas más de viaje y hubieran llegado a casa, pero insistió tanto
Débora que tuvieron que aceptar. Después de todo, se confesó, una noche de abstinencia
no le vendría mal; de hecho, estaba fatigado y sería mucho mejor aprovechar esta
oportunidad para conducir descansado y fresco a la mañana siguiente.
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