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Comentario
Se despertó plenamente consciente de su decisión: la gran decisión que había tomado
mientras reposaba la noche anterior, tratando de dormir. Tendría que mantenerla sin
flaquear si quería sentirse nuevamente como un hombre, como un hombre completo.
Tendría que ser firme al pedirle el divorcio a su esposa o todo se perdería y nunca
volvería a reunir el valor necesario. Ahora veía claro que, ya desde el principio mismo de
su matrimonio seis años atrás, resultaba inevitable que las cosas llegaran a este estado.
Estar casado con una mujer más fuerte que él, más fuerte en todos los sentidos, no
sólo era intolerable sino que lo convertía progresivamente, en un indefenso y débil ratón.
Su mujer podía ganarle en todo, y lo hacía. Una atleta como era, podía derrotarlo con
facilidad en tenis, en golf, en todo. Podía montar y patinar mejor que él; conducir un
automóvil con más pericia. Experta en casi todo, le hacía parecer un torpe jugador de
bridge, de ajedrez e incluso de póker, al cual jugaba como una consumada profesional. Y
lo que era aún peor: gradualmente ella tomó las riendas de sus negocios y asuntos
financieros y los llevó a una prosperidad económica que él jamás se hubiera atrevido a
imaginar. No existía una sola faceta en la cual su ego, o lo poco que quedaba de él, no
hubiera sido lastimado y golpeado durante los años de matrimonio.
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