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Comentario
Una petición inusual de hecho. ¿Por qué debería llevarlo a Irán?
«Porque usted tiene el dinero y yo no», deseaba expresar Emil, pero no lo hizo:
—Porque yo puedo ayudarle a autentificar su descubrimiento en Ebtacan —especificó.
—¿Qué descubrimiento?
—La Llama de Zoroastro.
El Magnate movió su cabeza. Su rodilla había estado balanceándose todo ese tiempo. Era el hombre
más rico en el mundo y claramente uno de los más impacientes.
Vestía pantalones
Lewis
y una camisa
Gap
, bajo una chaqueta deportiva de lino. Sus piernas estaban
cruzadas y su pie derecho estaba meneándose de arriba a abajo como si no pudiera esperar a salir de la
oficina.
Emil había conseguido esta cita sólo moviendo todos los hilos con influencia y dejar mensajes en cada
máquina contestadora. Tenía menos de 30 segundos para establecer su asunto.
—Existe una leyenda que señala que el fuego de Ebtacan es el mismo que Darío adoró —añadió.
—Conozco la leyenda —dijo el Magnate. La excavación de Ebtacan era uno de los pocos de entre sus
múltiples proyectos que seguía muy de cerca. La mayoría de los mismos los dirigía a través de una u otra
fundación, pero su interés en la arqueología era genuino y profundo. Emil sabía que había visitado e
inclusive trabajado en la excavación varias veces.
—La arqueología no trata sobre leyendas —dijo el Magnate—. Es acerca de objetos. Pequeños y
sólidos objetos que se encuentran en el polvo
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