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PUNTO CRITICO


 
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A BORDO DEL TPA 545 5.18 H Emily Jansen suspiró aliviada. El largo vuelo se acercaba a su fin. La luz de la mañana entraba a raudales por las ventanillas del avión En su regazo, la pequeña Sarah entornó los ojos ante el insólito resplandor mientras sorbía ruidosamente las últimas gotas del biberón, para apartarlo acto seguido con sus diminutos puños. —Estaba bueno, ¿verdad? —dijo Emily—. Muy bien... ahora, arriba... Levantó a la niña sobre su hombro y comenzó a darle palmaditas en la espalda. El bebé dejó escapar un sonoro eructo y su cuerpo se relajó. En el asiento contiguo, Tim Jansen bostezaba y se restregaba los ojos. Había dormido toda la noche, desde la salida de Hong Kong. Emily nunca dormía en los aviones; se ponía demasiado nerviosa. —Buenos días —dijo Tim, mirando su reloj—. Sólo quedan un par de horas, cariño. ¿Hay noticias del desayuno? —Todavía no —respondió Emily, moviendo la cabeza en un gesto de negación. Habían cogido un chárter de TransPacific Airlines en Hong Kong. El dinero que se ahorrarían en el pasaje les vendría de perlas para asuntos domésticos cuando llegaran a Colorado, donde Tim comenzaría a trabajar como profesor adjunto en la universidad local. El viaje había sido bastante agradable — estaban en las primeras filas—, pero la tripulación parecía bastante desorganizada y las comidas se servían a horas insólitas. Emily había rechazado la cena porque Tim dormía y ella no podía comer con Sarah dormida en su regazo. Incluso en esos momentos la tripulación actuaba con una indolencia que sorprendía a Emily. Por ejemplo, dejaban la puerta de la cabina abierta. Sabía que los asiáticos acostumbraban hacer esa clase de cosas, pero aún así a Emily le parecía inapropiado; había una atmósfera demasiado informal, demasiado relajada. Los pilotos se paseaban por el avión durante la noche, charlando con las azafatas. Uno de ellos salía precisamente en ese momento en dirección a la parte trasera del avión. Naturalmente, debía de hacerlo para estirar las piernas. Para mantenerse alerta y esas cosas. El hecho de que la tripulación fuera china no le preocupaba en absoluto. Después de un año en China, admiraba la eficacia de los chinos y la atención que prestaban a los detalles. Pero por alguna razón aquel vuelo la ponía nerviosa.
Autor : Crichton Michael
 
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