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Comentario
Oficina central de la fábrica de robots universales Rossum. Entrada al fondo, a la de-
recha. Por las ventanas se ven interminables filas de edificios de la fábrica. Domin está
sentado en una silla giratoria ante una gran mesa de despacho sobre la que hay una
lámpara eléctrica, un teléfono, un pesacartas, un archivador de correspondencia, etc. De
la pared de la izquierda cuelgan grandes mapas de las rutas marítimas y de ferrocarriles,
un gran calendario y un reloj que marca las doce menos unos minutos. En la pared de la
derecha hay una serie de carteles colocados con chinchetas: «mano de obra barata.
robots Rossum.» «robots para el trópico. 150 dólares cada.» «todos debieran comprar su
propio robot. ¿quiere usted abaratar su producción? encargue robots ROSSUM»; más
mapas, gráficos de transporte de cargas, etc. En una esquina una máquina de cinta
magnética indica las tarifas de cambio. Contrastando con los adornos de las paredes, el
suelo está cubierto por una magnífica alfombra turca. A la derecha hay una mesa
redonda, un sofá, una butaca de cuero y una librería en la que, en lugar de libros, hay
botellas de vinos y alcoholes. A la izquierda, la mesa del cajero. Al lado de la mesa de
Domin, Sula está escribiendo cartas a máquina.)
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