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Comentario
Está vendida la estancia. Han venido a recibirse de ella dos hermanos, rubios, jóvenes, con muchas pecas en la cara,
polainas en las piernas y gorrita de paño a cuadros en la cabeza.
Ellos son, al mismo tiempo, los dueños y administradores. Hablan español con mucho acento inglés, pero se hacen
entender bien, por lo demás, hablan poco.
Al mayordomo viejo, un criollo nacido en ese mismo campo, cuando los indios todavía pegaban a menudo sus
malones, y que ha plantado por su mano los sauces más viejos que dan a la casa su sombra, le han declarado que no
necesitan sus servicios, y que, ya que se han contado las haciendas e inventariado el material, se puede él retirar con la
familia, cuando guste.
No le han negado, hasta le han ofrecido algunos días para buscar su comodidad, y el viejo les ha dado las gracias.
Bien sabía él, hacía tiempo, que la estancia estaba vendida; que el patrón viejo había muerto que estaba medio
embarullada la testamentaría y que los hijos no habían podido guardar esta propiedad. Pero, mientras iban
desarrollándose con lentitud los mil trámites de ley, allá, en la ciudad, él seguía cuidando los intereses como siempre lo
había hecho
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| Autor : Daireaux Godofredo |
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